María Santísima de Araceli recibe a sus fieles durante este tiempo de Cuaresma ataviada con el terno de terciopelo morado y encajes de plata estrenado durante las rogativas de 1844. Sobre la falda luce sus características flores de talco, habituales en su atuendo desde el siglo XVIII. Igualmente, porta el rosario de las tres medallas, del siglo XVIII, así como la cruz- relicario de oro que, aderezada con un rubí, contiene las reliquias de los santos Pedro, Pablo, Agustín o Nicolás y que fue recuperada de su joyero e impuesta el pasado 9 de octubre por el señor Obispo de Córdoba, don Demetrio Fernández González, durante la elevación del templo a santuario diocesano.Finalmente, la estampa de la peregrina imagen de Santa María de Araceli se completa con la media luna de plata y las coronas de calabaza, de plata sobredorada y amatistas, delicadamente labradas por el platero Rafael de Martos a mediados del siglo XIX empleando elementos de otra corona anterior de Damián de Castro. Entre la decoración de las preseas, el pelícano, animal que, según la tradición, se picaba su pecho para que sus crías pudieran alimentarse de su propia sangre, motivo por el que se relaciona con Cristo, que derramó su sangre por sus hijos.




