Aracoeli: origen de la devoción

Situada en la cumbre más alta del Monte Capitolino de Roma, se alza la Basílica de “Santa María in Aracoeli”. Originalmente, esta iglesia recibió el nombre de “Santa Maria in Capitolo”, por el lugar en que se encontraba; habiendo sido rebautizada el siglo XIV.

Según una leyenda medieval, el emperador Augusto, turbado por la decisión del Senado de tributarle honores divinos, pidió consejo a la Sibila Tiburtina, la cual, vaticinó que desde el cielo descendería “el Rey de los siglos”. Atento a la profecía, Augusto observó un torrente de luz deslumbrante, la Virgen con el niño Jesús en sus brazos descendió mientras una voz misteriosa proclamaba “este es el altar del Hijo de Dios”. Fue entonces cuando mandó construir en el Capitolio un altar -aracoeli- al “Hijo del Dios del Cielo”. El nacimiento de este niño tuvo lugar cuando todavía él era Emperador.

Según cuenta la tradición, estando en labores diplomáticas en Roma don Luis Fernández de Córdova y Pacheco,alcaide de los Donceles, marqués de Comares y señor de Lucena, a principios de 1562, quedó embelesado por la belleza del icono venerado en la basílica de Santa María “in Ara Coeli”, la “Madonna di Aracoeli”, Copatrona de la ciudad de Roma. Tanto fue así que decidió encargar una imagen de la Virgen María bajo la advocación de Araceli, que significa Altar del Cielo. El fervoroso aracelitano y erudito lucentino Dr. D. Francisco Antonio Tenllado dejó un verdadero arsenal de datos sobre Nuestra Señora, y en él encontramos un curioso itinerario descriptivo del que recorrió la sagrada Imagen, desde el puerto de Alicante, hasta la Sierra de Aras• Domingo 12 de Abril de 1562: desembarcó en el puerto de Alicante el Marqués de Comares trayendo de Roma el rico tesoro de la hermosísima Imagen de la Santísima Virgen de Araceli.

• Lunes 13: parece que se emplearía en preparar las caballerías y todo lo demás necesario para el viaje.

• Martes 14: salió el Sr. Marqués con su comitiva compuesta de Juan Onieva, los criados y soldados de su escolta y anduvieron de Alicante a Elche, 4 leguas; de Elche a Albatera, 2 leguas.

• Miércoles 15: de Albatera a Callosa, 2 Leguas; de Callosa a Oríhuela, 1; de Orihuela a Santomera, 1.

• Jueves 16: de Santomera a Murcia, 3; de Murcia a Lebrillo, 1; de Lebrillo a Totana, 3.

• Viernes 17: de Totana a Lorca, 4; de Lorca a Lumbreras, 4.

• Sábado 18: de Lumbreras a Vélez Rubio, 3; de Vélez Rubio a Chirivel, 3

• Domingo 19: No caminaron.

• Lunes 20: de Chirivel a Cullar-Baza 3; de Cullar-Baza a Baza, 4.

• Martes 21: de Baza a Venta del Baúl, 3; de Venta del Baúl a Guadix, 4.

• Miércoles 22: de Guadix a Purullena, 1; de Purullena a Diezma, 2; de Diezma a Molinillo, 1’5.

• Jueves 23: de Molinillo a Huétor, 3; de Huétor a Granada, 1’5; de Granada a Santa Fe, 2.

• Viernes 24: de Santa Fe a Lachar, 2; de Lachar a Loja, 4.

• Sábado 25: De Loja, a Iznájar, 3; de Iznájar a Rute, 2; de Rute a la encrucijada del camino de Lucena, donde hoy está la Cruz de Araceli, 1’5.

Foto: Cristóbal Burgos
Foto: Joaquín Ferrer

Narran los historiadores que en el viaje de vuelta, aproximándose el cortejo del Marqués a Lucena por el viejo camino de Granada, al llegar al lugar donde hoy se halla la Primera Cruz, se desencadenó una terrible tormenta que dispersó a la comitiva, perdiéndose en la espesura de la Sierra que ya entonces se llamaba de Aras. Al día siguiente fue hallado el animal que portaba la imagen de Nuestra Señora, echado en la cumbre serrana, en el lugar donde hoy se encuentran las tres cruces, culminación de la vía sacra que se inicia en la Primera Cruz.

Todos creyeron que era indicio de que la Santísima Virgen quería que en aquel sitio se edificara un templo; así que, allí mismo se procedió a abrir la caja, apareciendo, radiante de hermosura, la que vienen venerando las generaciones de cuatro siglos y medio. De momento se improvisó una especie de tienda de campaña y quedaron dándole guardia a la sagrada Imagen los soldados que habían acompañado al Marqués y los caseros de Campo de Aras que acudieron, y mientras tanto se pasaba aviso a Lucena.

Un acta municipal de fecha 27 de abril de 1562, en la que consta el acuerdo de que se prepararan las “caxas de atambores” para «salir a recibir la Imagen de Nuestra Señora de Araceli», es el primer vestigio documental de la presencia de la Virgen de Araceli en nuestra ciudad.

Así, que en la tarde de este día 27 de Abril de 1562 entraba en Lucena la Santísima Virgen de Araceli en solemne Procesión, presidida por el Sr. Marqués de Comares don Luis Fernández de Córdoba, el Ayuntamiento y acompañada de todo el pueblo que en aquel mismo día la proclamó por su Patrona y Protectora.

La comitiva debió entrar por la calle Rute ya que en ella desembocaba el antiguo camino de Rute y, sea por lo avanzado de la hora o por otra circunstancia, se depositó la sagrada imagen en la Iglesia de Santiago que era la más próxima, permaneciendo allí hasta tres meses después, una vez terminada de construir la primitiva ermita en la cumbre serrana. Al siguiente año se constituyó la Cofradía, celebrando en el Santuario la fiesta de Nuestra Señora, siempre el primer domingo de mayo de cada año, fiesta que ha permanecido desde entonces.

1562 - Llegada de la Virgen

..."sitio conocido por el Humilladero". Foto: "Luis Burgos"

En Roma, y dando nombre a la Basílica donde se venera, existe la Imagen de «Santa María in Aracœli» que, juntamente con la de «Salus Populi Romani» es considerada Patrona de Roma. Ambas son antiquísi­mas y se atribuyen a San Lucas La de Aracœli, es considerada la más antigua de Roma y la Basílica que de ella recibe el nombre y en la que tiene su residencia la Orden Franciscana, está junto al Capitolio o Ayun­tamiento de la Ciudad Eterna, Centro Religioso y aún Político de la Roma medioeval.

Esta inscripción recuerda una visión celestial: Hæc est Ara Cæli: Esta es el Ara del Cielo.

Vista dicha Imagen por don Luis Fernández de Córdoba, segundo Marqués de Comares, en ocasión de encontrarse en Roma como enviado especial de Felipe II, concibió la ¡dea, sin duda por inspiración divina, de traer a Lucena una Imagen, copiada de la que contemplaba y que habría de llevar su mismo título.

Encomendó la copia a dos escultores que durante varios días man­tuviéronse encerrados en una habitación sin comunicación alguna con el exterior. Transcurridas varias fechas, sin que de la habitación los jóve­nes escultores salieran se decidió violentar la puerta y ante los ojos atónitos del Marqués y de sus acompañantes apareció la bellísima ima­gen de María Santísima de Araceli. ¿La esculpieron los ángeles? Así viene refiriéndolo la tradición.

Embalada, como inapreciable reliquia, la trajo el Marqués a España, bajo su vigilancia directa. 

En Alicante desembarcó y hacia Lucena vino por Granada. Cuando de Rute a Lucena se dirigía, al pasar por la Sierra de Aras, desencadenose una tormenta que espantó a las caballerías. En el sitio conocido por el Humilladero quedó la Imagen y bajo Ella la

caballería donde era transportada. Inútiles fueron los esfuerzos realiza­dos para levantar a la bestia, viendo en ello don Luis Fernández de Córdoba, señales inequívocas de que María Santísima de Araceli quería ser allí venerada y por eso allí mismo se construyó su primera y provisio­nal Ermita. Ocurría ello el 25 de Abril de 1.562.

Informados en Lucena de cuanto ocurría se organizó el 27 de los citados mes y año lo que pudiéramos llamar la primera peregrinación o romería en honor de María Santísima de Araceli, al frente de la cual iban las Autoridades. En la tarde de ese día, 27 de Abril de 1.562, en­traba en nuestra Ciudad triunfal y procesionalmente, la Bendita Imagen de Nuestra Patrona, que fue colocada en el Altar Mayor de la Iglesia de Santiago.

El 22 de Enero del año siguiente doña Constanza de Jaén establece un censo a favor de la Ermita de Nuestra Señora de Araceli, que habría de ser, con el tiempo, el actual Santuario de Nuestra Señora.

Poco después, el 20 de Abril de 1.563, se erige la Cofradía en honor de María Santísima de Araceli que organiza su primera fiesta el primer Domingo de Mayo, de dicho año.

Revista “Araceli” nº 2 de 25-04-1955; páginas 1 y 2

La Real Archicofradía

Foto superior: Luis Burgos

Aunque la primera noticia documental de la presencia de la imagen de María Santísima de Araceli en Lucena corresponde al día 27 de abril de 1562, en que se acuerda disponer los preparativos para recibir a Nuestra Señora; muy pronto, en 1563, ya se había constituido la cofradía según algunos historiadores, celebrando ésta en el Santuario la fiesta  de Nuestra Señora en la jornada del primer domingo de mayo.

La devoción a la Santísima Virgen bajo la bendita advocación de Ara Coeli -Altar del Cielo- creció rápidamente por la comarca y hacia 1600 la primitiva cofradía tomó la iniciativa de construir un nuevo templo, de mayor capacidad que la primera ermita, ante el incremento de devotos y peregrinos.

De 1613 es la primera bula de indulgencias, concedida por Su Santidad Paulo V a los cofrades de Nuestra Señora de Araceli, ratificada y ampliada en 1668 por el papa Clemente IX.

Hacia la mitad del siglo XVII la cofradía tuvo un importante resurgimiento, manifestado por la construcción a partir de la Primera Cruz, del Vía-Crucis de piedra que culmina en la cumbre o por la fundación en el Santuario de una capellanía con carácter fijo, desde 1629,  para  atender los cultos y gobernar a los herma- nos que pedían para el mantenimiento de la devoción. La administración de rentas y limosnas del cepo era realizada por el hermano mayor, que se ayudaba de un tesorero y un mayordomo.

El fallecimiento del hermano mayor, don Antonio Curado de Velasco, ocurrido en diciembre de 1672, marca el comienzo de la intervención municipal en el gobierno de la cofradía en base a un acuerdo realizado con el vicario de las iglesias  lucentinas.

Este  acuerdo es ratificado en 1674  por el duque de Medinaceli, como patrono del Santuario. A partir de ese mismo año los responsables municipales ocuparon los cargos principales de la cofradía, que estaba en situación anómala.

Durante un siglo la cofradía de Nuestra Señora de Araceli entra en un círculo cerrado que vivió auspiciado por las directrices del capellán y el Ayuntamiento que incluso participaba en la designación del capellán. Pero en 1773 es tan grande el fervor y deseo de muchos por inscribirse como hermanos en la cofradía, que el capellán, don Juan Andrés de Castilla Guerra, consiguió autorización municipal para poder ampliar la pertenencia a la misma, hasta entonces restringida. Ese mismo año se estrenó el precioso estandarte que aún se conserva, primitivamente en color azul, y después traspasado a terciopelo carmesí. Se abandonó de esta manera la extraña situación canónica, y a finales del siglo XVIII se reelaboraron unas ordenanzas para mejorar la administración y gobierno del Santuario y la delimitación de funciones para todos los sectores implicados.

Durante el siglo XIX, de gran agitación social, la cofradía se sustentó en tres pilares, la devoción creciente a nivel popular, el control administrativo y espiritual que ejercía el capellán y las designaciones anuales que  efectuaba el consistorio para  elegir  hermano mayor.  Esto,  junto  a la influencia  de  personajes como don Fernando Ramírez de Luque don Antonio Rafael Domínguez Valdecañas, obispo de Guadix y Baza, consiguieron la ansiada ratificación oficial del patronazgo religioso  de  la Virgen de  Araceli sobre Lucena, acontecido en 1851.

Foto Inferior: Joaquín Ferrer

El Real Santuario

A través de una carretera iniciada en 1854 y concluida el 19 de noviembre de 1864; gracias a los donativos efectuados por el vecindario lucentino, las aportaciones de los propietarios de las tierras y el Ayuntamiento local, cuya alcaldía ostentaba don Joaquín Álvarez de Sotomayor; se accede a una amplia explanada mirador desde donde se contemplan tierras de cinco provincias andaluzas: Córdoba, Jaén, Granada, Málaga y Sevilla.

Una escalinata da acceso al templo que consta de sencilla fachada con tres arcadas de medio punto y cierres de forja. A la izquierda del atrio se encuentra una espadaña angular de sillería y mampuesto construida en 1726 por don Andrés Antonio del Pino. El acceso al templo se realiza a través de una magnífica portada de jaspes polícromos rojos, blancos y negros realizada por Martín de Rojas en 1765.

La construcción actual, la segunda pues la primitiva y humilde que existía con anterioridad fue demolida, data de 1600  y tiene planta basilical de tres naves con cuatro intercolumnios y crucero inscrito. Arcos de medio punto apoyados en columnas dóricas de jaspe separan la nave central, de mayor altura, de las laterales. Las enjutas de de los arcos albergan tondos que representan a los padres de la iglesia, a san Buenaventura y a santo Tomás.

Foto: Luis Burgos

Las cubiertas están formadas por bóvedas de cañón, encontrándose decorada la central en azul, blanco y dorado, con motivos florales y angelotes barrocos.

Sobre el cancel de entrada existe un coro con balaustrada de madera a lo ancho de la nave central y alineados al primer intercolumnio sendos pequeños retablos de estilo dieciochesco, en madera tallada y dorada, dedicados a la Virgen del Rosario y a la Virgen del Sol. Dos grandes conchas procedentes del archipiélago filipino, adosadas a la primera columna se utilizan como benditeras.Separando la nave central del crucero existe una reja realizada con el bronce de algunos cañones del castillo de Aguilar que se apoya sobre bancada de jaspes rojos y negros, habiendo sido realizada por el artesano local Antonio García en 1746.

La espectacular decoración de la cúpula del crucero, de media naranja sobre pechinas, se extiende hasta la bóveda del presbiterio presentando profusa ornamentación de yeserías entalladas con símbolos marianos, angelotes y motivos vegetales, estando algunos decorados en azules, rojos y dorados. Águilas doradas que sustentan lámparas votivas que sobresalen de las pechinas. Se trata de uno de los conjuntos decorativos más sobresalientes del barroco andaluz cuyo diseño se debe Leonardo A. de Castro Hurtado, corriendo la realización a cargo del antequerano Antonio de Rivera en 1722.

Foto: Joaquín Ferrer
Foto: Luis Burgos

El retablo mayor es madera tallada, dorada y policromada. Se sostiene sobre asiento de mármol rojo y presenta cuatro columnas salomónicas decoradas con pámpanos y racimos estando adelantadas las de los lados aportando profundidad. Destacan también en el conjunto otros dos pares de columnas salomónicas, igualmente decoradas pero más pequeñas, que sostienen el arco de medio punto de la embocadura que permite la visión de Nuestra Señora de Araceli en el camarín. Dos grandes óleos sobre la Natividad y la Epifanía, realizados por Leonardo Antonio de Castro en 1720, con impresionantes marcos y doseles en madera tallada y policromada, tallados por Francisco José Guerrero y posteriormente dorados por Leonardo Ambrosio de Aguilar en la misma época, realzan la belleza del conjunto.

En 1732 se instalan en los brazos del presbiterio dos retablos que presiden, respectivamente, san José y santa Bárbara. Ambos se encuentran decorados con abundante talla dorada y colorido imitando el jaspe. Constan de cuatro estípites con hornacina central para la imagen y repisas laterales. El de san José, que se encuentra junto a la entrada de la sacristía, cuenta con las imágenes, de menor tamaño, de san Joaquín y santa Ana; y el ático un gran relieve representando la Huida a Egipto. El de Santa Bárbara se acompaña en las repisas con las imágenes de san Miguel y san Gabriel, y para el ático un relieve de la visita de san Antón a san Pablo Ermitaño.

En el lado de la epístola, junto al retablo de santa Bárbara, se abre una capilla sacro penitencial de reciente factura. Un lugar de recogimiento donde sobre mesa de altar con frente procedente del antiguo retablo de la Virgen del Sol, se custodia el Santísimo sacramento. Tres imágenes se encuentran también en esa estancia. El Crucificado Cristo del Perdón, de tamaño académico, que fue bendecido en 2009, procedente de las gubias del joven imaginero lucentino Francisco Javier López del Espino. Una Inmaculada Concepción en talla de vestir de principios del siglo XX que estuvo en el oratorio de don Antonio del Pino. Y, por último, una talla de san Juan Nepomuceno, patrón de los confesores, recientemente restaurada en 2011 por don Salvador Guzmán Moral.

A través de una puerta al estilo mudéjar en madera de nogal y naranjo se accede a la antesacristía donde se pueden admirar dos lienzos, uno representando una Caída de Jesús y el otro de la Virgen del Rosario, bajo en el que, dentro de una pequeña hornacina, se expone un busto del historiador  lucentino y gran devoto aracelitano, el presbítero don Fernando Ramírez de Luque.

Una magnífica puerta, situada a la izquierda, tallada con motivos fitomorfos y zoomorfos da paso  a la sacristía que conserva una cajonera de nogal compañera a la puerta que fue realizada en 1714 por Martín Luna. Se adorna esta estancia con un gran lienzo donde se representa la visión del Emperador Augusto, otro de san Onofre y un cuadro votivo de Santiago y santa Teresa. Al fondo, una puerta permite el acceso a la gran sala de recepción de peregrinos que cuenta con medios audiovisuales para proyecciones y salida al exterior a través de escaleras. Diversos candelabros de metal y lienzos decoran esta sala Desde la antesacristía se accede también al antecamarín en cuyos muros laterales se pueden admirar cuatro lienzos al óleo de Leonardo Antonio de Castro Hurtado, un lienzo de la Inmaculada Concepción de Antonio Filocamo de 1743, una pequeña reproducción de la Sábana Santa de Turín con marco de ébano y carey y cantoneras de plata de finales del XVII y un cuadro represando un  Ecce Homo del mismo siglo. Sobre un altar portátil de talla barroca con espejos embutidos, una bella talla de la Virgen del Tránsito con su urna, del siglo XIX, procedente del desaparecido convento de Santa Clara. Y por último, presidiendo la estancia, un gran lienzo de Jesús Crucificado bajo dosel´.

Una hermosa puerta, decorada con tallas vegetales, da acceso al Camarín de Nuestra Señora, donde un arco toral separa los dos ámbitos que lo componen. El centro del anterior y más antiguo, bajo cúpula elíptica sobre pechinas, se alza la Imagen de María Santísima de Araceli sobre trono de madera tallada y dorada y columnas de jaspe melado de la Sierra de Aras, profusamente decorado con querubines, ángeles turiferarios y lampadarios; una obra de Pedro de Mena y Gutiérrez, escultor y retablista lucentino. Frente a la Imagen de la Virgen existe un retablo, continuación del mayor del la iglesia que presenta una hornacina trilobulada con sendos pares de columnas salomónicas, a cada lado, decoradas con pámpanos y racimos de vid. En el intradós destacan dos bellos espejos holandeses del siglo XVII.

En las ocho bandas radiales de la bóveda elíptica de puede admirar, pintado por Leonardo Antonio de Castro a principios del XVII, un coro de ángeles músicos con adornos florales. Las cuatro pechinas se encuentran decoradas con escenas de la Virgen. Las paredes laterales se encuentran tapizadas de sedas de colores y albergan espejos, motivos barrocos, relicarios; tienen un zócalo de azulejos valencianos y destacan un lienzo de la Anunciación orlado de flores con paisaje alegórico, una pintura representando la visión del Emperador Augusto y un barroco bordado florentino con la Virgen y dos ángeles con la Sábana Santa, mientras otros dos la inciensan. En las cuatro esquinas de esta estancia otras tantas urnas custodia las tallas de un Niño Jesús Pasionario, de un san Juanito Bautista y las dos restantes, junto al retablo, reliquias de san Plácido y san Victoriano, donación de fray Alonso de Jesús Ortega, General de Orden de san Juan de Dios y lucentino, de mediados del XVIII.

Foto: Joaquín Ferrer

El frente del arco toral que separa los dos ámbitos está decorado con placados de talla con corona real en el centro; el intradós contiene pinturas de cartelas con textos marianos y paisajes.

Unos cien años más tarde se construye la estancia posterior que se encuentra cubierta por bóveda octogonal decorada de hojarasca, espejos y florón. En las pechinas, sobre repisas, se encuentran figuras de los tres arcángeles y del ángel del Paraíso. Sus muros fueron pintados al fresco por Tomás Ferrer en 1761 y representan ejércitos celestiales que custodian la Imagen de María Santísima de Araceli. Todo el conjunto se encuentra profusamente decorado con paisajes, guirnaldas de flores y frutas, animales y pasajes bíblicos marianos. 

Frente a la puerta de entrada, una de salida con hermosa vidriera, compañera a la de la ventana que a espaldas de la Imagen de la Virgen se orienta al Este iluminando la estancia de suaves tonalidades. Saliendo, un óleo sobre tabla reproduciendo la Madonna 

de Aracoeli romana, obra reciente de la lucentina Teresa Botella; un relicario que contiene documento expedido por la Santa Sede en 1857, que contiene reliquias y huesos de los Santos Apóstoles y Evangelistas, donado por don Antonio Villa Álvarez de Sotomayor en el transcurso de la clausura del Año Jubilar Aracelitano de 2 de junio de 2013; y varias colecciones de exvotos de las posee Nuestra Señora.   

Desde esa pequeña estancia se puede acceder tanto a la tienda de recuerdos aracelitanos y la sala de velillos, como, bajando unas escaleras, a las antiguas atarazanas del Santuario, donde con sencilla decoración andaluza se pueden contemplar numerosas fotografías marianas de diversas imágenes y  de la Santísima Virgen de Araceli, así como enseres diversos, recuerdos de peregrinaciones, una antigua peana en madera para el trono de romerías de Nuestra Señora y otros utensilios antiguos.

A través de la tienda de recuerdos se accede a la entrada lateral del Real Santuario que es el lugar por donde se accede al templo a diario y donde existe un retablo cerámico conmemorativo del Año Jubilar Aracelitano. Unas escaleras conducen a una sala de exposiciones situada en la primera planta, recientemente habilitada en lugar de diversas estancias de poco uso allí existentes con anterioridad. Completan la primera planta, además de la vivienda de los guardeses del Santuario, la sala capitular, desde la que se accede al coro y al campanario, un despacho reservado al Capellán y un almacén.

En el entorno del Santuario, unas terrazas con merenderos se ofrecen a los visitantes para el descanso y la contemplación del paisaje. Además, desde octubre de 2011 una impresionante escultura al Sagrado Corazón de Jesús que acoge a los peregrinos que hasta la cumbre aracelitana se acercan.

 

Foto: Pedro del Espino

1948 - Coronación Pontificia de María Santísima de Araceli

En noviembre de 1932 se iniciaron las gestiones para proceder a la elaboración de las dos coronas que ceñirían las sagradas sienes de la Virgen de Araceli y de su Amado Hijo, empleándose en su ejecución joyas y dinero recogidos por la Junta pro-coronación, constituida en 1924. En enero del año siguiente el capellán de la Obra Pía, expuso el proyecto al prelado de la diócesis, don Adolfo Pérez Muñoz. Además, solicitaba al Obispo se pudiesen emplear algunas piezas del joyero de la Virgen para aumentar la riqueza de dichas coronas.

Tras varias gestiones en Córdoba, en mayo de 1933 se inician contactos con el prestigioso orfebre sevillano don Cayetano González. Después de consultar informes de carácter artístico y personaren julio presenta dos diseños de corona. Acordada la elección, el costo de la hechura de las dos coronas sería de 14.000 pesetas, de las que se entregaban 3.000 a la firma del contrato, y las restantes dos terceras partes conforme lo fuera requiriendo el artífice; recibiendo este la última suma a la conclusión y entrega de las obras, lo que debía realizarse en Lucena el 31 de marzo de 1934. 

El trabajo, casi concluido, hubo de realizarse de nuevo, esta vez, de manos del propio artista, pues algunos operarios de su taller habían saboteado las coronas. Sería el 2 de septiembre de 1934 cuando el orfebre entregara las coronas totalmente terminadas para satisfacción de los contratantes.

El día 30 del mismo mes, el clero secular y regular y un buen número de fieles suscribían una instancia elevada al Ayuntamiento en la que hacían patente el deseo de coronar canónicamente a la Patrona de la ciudad. En relación con el atuendo que se pensaba, había de llevar Nuestra Señora en el momento de la Coronación, era prácticamente unánime el sentir de que había de ser blanco, bordado en oro, a juego con el vestido que la Virgen estrenó en 1887.

Las circunstancias políticas de la época republicana, la Guerra Civil y sus consecuencias socioeconómicas impidieron el progreso hacia su logro de la idea de la Coronación Canónica de María Santísima de Araceli. Fue necesario esperar hasta el 23 de marzo de 1943 para que el entonces alcalde don Francisco Moreno Güez, retomando oficialmente el proyecto de la coronación canónica de la Patrona, presentó una moción al Ayuntamiento en este sentido, que la Corporación aprobó de manera unánime.

Sin embargo, el fallecimiento del prelado Pérez Muñoz dio lugar a una nueva detención en el tema. No obstante, el proyecto vino a contar con dos importantes valedores: el nuevo alcalde de la ciudad, don Antonio Delgado Sánchez, y el Rvdo. fray Albino González, recién elegido prelado de la diócesis. en quien hallaron inmediato eco las instancias a él elevadas.

El 28 de octubre de 1946, por vía de urgencia, la Corporación municipal atendía la propuesta de su presidente, el referido Sr. Delgado Sánchez, para proseguir las instancias tendentes a coronar a María Santísima de Araceli “cuya Moción se sirvió aprobar por unanimidad el Ayuntamiento Pleno en la sesión referida”.

La acción del obispo fue inmediata y eficaz. El 22 de enero de 1947 presentaba en Madrid al Nuncio de Su Santidad, la documentación necesaria para el trámite. Las gestiones se encauzaron a través del cardenal Tedeschini, arcipreste de San Pedro, antiguo amigo del obispo de Córdoba. El 7 de marzo de 1947 se firmaba en Roma el breve pontificio de la Coronación de Nuestra Señora.

El día 2 de mayo de 1948, día de la Coronación, a las diez de la mañana se concelebraba un solemnísimo pontifical, en el que ofició el excelentísimo y reverendísimo arzobispo de Granada doctor don Balbino Santos Oliveira, contando en la presidencia con el Emmo. y Rvdmo. Cardenal Dr. D. Pedro Segura Sáez, arzobispo de Sevilla, asistido por los muy ilustres señores D. José Padilla Jiménez, deán de la S.I.C. de Córdoba y don Félix Romero Mengíbar, canónigo magistral. 

También concelebraban los prelados de Granada, Jaén, Cádiz y Córdoba. En un lugar preferente estaba el Excmo. Sr. Ministro de Agricultura, D. Carlos Rein, representando al Jefe del Estado en la ceremonia de la Coronación. Intervino en la celebración el Coro Easo, de San Sebastián, interpretando brillantemente la Misa de Bartolomeus, a cuatro voces, dirigida por el Maestro de Capilla de la Catedral de Sevilla don Norberto Almandoz. Al final cantó el himno a la Virgen de Araceli, dirigido por el maestro Ángel Galarza, director del coro y acompañado al piano por su propio compositor D. Luis de Aramburu.

Terminada la función religiosa, se organizó una procesión para conducir la imagen de la Virgen de Araceli al lugar donde había de ser coronada. Abría la marcha la cruz parroquial, a la que seguían los miembros de la Cofradía de la Virgen, clero regular y secular. 

A continuación iba el trono de María Santísima de Araceli, llevado a hombros por componentes de la Junta de la Coronación. Detrás seguía su eminencia el cardenal Segura y los prelados de Granada, Dr. Santos Oliveira; de Cádiz, Dr. Gutiérrez; de Jaén, Dr. García de Castro; y de Córdoba, Dr. Fray Albino González, y cerrando el desfile las primeras autoridades.

La corona de oro de la Virgen era portada en una bandeja por el Alcalde de la ciudad, D. José de Mora, y la del Niño Jesús, que lleva en brazos Nuestra Señora de Araceli, era llevada por el Excmo. Sr. Gobernador Civil  de Córdoba D. Alfonso Orti Meléndez-Valdés.

El cardenal Segura y el ministro de Agricultura, subieron a una plataforma superior. Primero, el ministro ofreció a Su Eminencia la corona del Niño Jesús, del mismo estilo y características, aunque de tamaño más reducido al de la Virgen y el Cardenal se la impuso. Acto seguido colocó sobre la frente de la Virgen de Araceli la hermosísima corona. El instante fue de extraordinaria emoción que no pudo disminuir la lluvia, al tiempo que la Banda de Música del Regimiento de Infantería interpretaba el Himno nacional y las campanas eran echadas al vuelo. Fue la primera Coronación Canónica en la diócesis cordobesa.

El 29 de mayo de 1954, a petición de la Hermandad de Labradores, en el Santuario de Nuestra Señora, fray Albino Menéndez-Reigada, obispo de Córdoba, proclamó ante una multitud de aracelitanos venidos desde todos los puntos de Andalucía, Patrona del Campo Andaluz a María Santísima de Araceli.

1962 - Año Jubilar Aracelitano del IV centenario

El día 13 de Enero de 1962 se desplazaba a Córdoba la Junta de Gobierno de la Cofradía para ser recibida por el Sr. Obispo de la diócesis, Monseñor Fernández-Conde y García del Rebollar. El objeto de la entrevista, además de presentar al Prelado la nueva Junta de Gobierno, era el de efectuar un primer cambio de impresiones respecto a la conmemoración Mariana del 400 Aniversario de la venida de imagen de la Virgen de Araceli.

El Sr. Obispo aceptó presidir personalmente la Junta ejecutiva pro IV Centenario. Seguidamente, y en el curso de la entrevista, trazó las directrices fundamentales que habrían de inspirar la conmemoración, destacando el sentido eminentemente espiritual de la misma, que habría de traducirse en el desarrollo de una auténtica y fecunda labor de apostolado y caridad.

Al objeto de constituir la Junta procuarto centenario de la Virgen de Araceli Monseñor don Manuel Fernández-Conde, visitaba Lucena el día 21 de febrero de 1962. Recibido por la corporación municipal, que presidía don Miguel Álvarez de Sotomayor Antrás, y por la Junta de Gobierno de la Cofradía de María Santísima de Araceli, en el Salón de Actos del Ayuntamiento comunicaba la grata noticia la concesión, por Su Santidad Juan XXIII, del Año Jubilar para Lucena y la Diócesis cordobesa del 25 de Abril del 1.962 a igual fecha del año 63, de las prerrogativas que después aclararía y la facultad de misa votiva a la Virgen de Araceli en su Santuario.El editorial del la revista Araceli nº 41, de enero-febrero de 1962 hacía pública la alegría que suponía la concesión del Año Jubilar. Y también publicaba copias de dos importantísimos documentos, el rescripto pontificio, o sea, la respuesta escrita del Papa a la petición de indulgencias realizada por el Sr. Obispo.

La Virgen bajaba hasta Lucena el 22 de abril, Domingo de Resurrección.

El martes 24 de abril de 1962, el Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo proclamaba solemnemente, en la parroquia de San Mateo, el Año Jubilar Aracelitano que su Santidad el Papa Juan XXIII había concedido a nuestra ciudad.

Dirigida a todos los fieles de la Diócesis, Monseñor Fernández-Conde publicaba una amplia carta pastoral con motivo del IV Centenario de la Virgen de Araceli.

En la tarde del día 25, la Virgen inicia un triunfal recorrido por las parroquias lucentinas. Visitaba entronces Santiago, Nuestra Señora del Carmen y Santo Domingo, volviendo a San Mateo el 1 de mayo. En los triunfales recorridos por los barrios lucentinos, es conveniente recordar una misa de campaña en el Llanete de la Capillita de Jesús, donde la imagen del Nazareno fue sacada al dintel de la puerta; y la visita a la Barriada de la Virgen de Araceli.

Se celebraron las tradicionales Fiestas Aracelitanas, jalonadas de extraordinarios acontecimientos como la exposición de arte sacro local que el día 5 de mayo se inauguraba oficialmente, organizada por la Cofradía, en el Convento de Padres Franciscanos. Asistía al acto el Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo de la Diócesis.

El día de la Virgen se iniciaba con el Solemne de Pontifical que, a las once de la mañana, presidía en la Parroquia de San Mateo el Emmo. y Rvdmo. Sr. Don José Maria Bueno Moreal, Cardenal Arzobispo de Sevilla. Al Ofertorio pronunciaba la homilía el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Manuel Fernández-Conde, Obispo de Córdoba, quien, cargado de amor a la Santísima Virgen de Araceli, puso un nudo de emoción en las naves del templo cuando leyó el mensaje de Su Santidad el Papa Juan XXIII que acababa de recibir del Vaticano.

El lunes día 7 daba comienzo la Novena, en cuyos tres primeros días era predicada por el Rvdmo. Padre José A. de Sobrino, S. J., Provincial de la Compañía de Jesús en Andalucía. El segundo triduo estuvo a cargo del Muy Ilustre Sr. D. Juan Capó, Canónigo de la S. I. Catedral de Córdoba. Y los últimos tres días ocupaba la sagrada Cátedra el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. José María Cirarda, en aquellos años Obispo auxiliar de Sevilla.

El domingo, 27 de mayo, la Virgen de Araceli salía de nuevo a las calles de Lucena para completar las visitas del Año Jubilar. Era trasladada, entonces, al Convento de Carmelitas Descalzas, que se situaba junto a San Mateo, al de Santa Clara, entonces en la calle las Torres, a San Agustín,  al Asilo de ancianos del Valle, al Convento de Padres Franciscanos, pasando ante el Colegio de los Hermanos Maristas, y por último, el martes por la tarde regresaba procesionalmente a San Mateo cerrándose el capítulo de las visitas efectuadas con motivo del IV Centenario y Año Jubilar.

El jueves, 31, fiesta de la Ascensión del Señor, en la parroquia de San Mateo, ante la Virgen de Araceli, recibieron la Primera Comunión todos los niños de Lucena a los que correspondía hacerlo este año.

En la noche del 9 al 10 de junió la Adoración Nocturna española celebró en nuestra ciudad la Vigilia general diocesana de espigas, con asistencia del Excmo. Sr. Obispo de Córdoba, Consejo superior archidiocesano de Sevilla, Consejo superior diocesano y todas las Secciones de la diócesis cordobesa.

La Vigilia, que se llevó a cabo en la Parroquia de San Mateo, a las plantas de Nuestra Señora, finalizó con labendición de los campos ante un altar levantado en el Paseo de Rojas.

El lunes 11 de junio comenzaba la semana sacerdotal que tenía su culminación con la ordenación de todos los sacerdotes de la Diócesis de aquel año. Monseñor Fernández Conde, imponía las Órdenes de Tonsura, Órdenes menores, Subdiaconado y Órdenes Sacerdotales, con un total de 74 ordenaciones del Seminario de Córdoba y Congregación de Salesianos, 26 de las cuales fueron sacerdotales.

Finalmente, el domingo 24 de junio, se cerraban las fiestas centenarias celebradas aquel año con el regreso de la Virgen al Santuario de la Sierra de Aras.Tras un año lleno de peregrinaciones, hasta el Santuario de Aras, el domingo 21 de abril de 1963, regresaba de nuevo hasta Lucena Nuestra Señora de Araceli en Romería.

La Clausura Oficial del Año Jubilar Aracelitano tuvo lugar el día 28, domingo. Y contó con la presencia del Excmo. y Rvdmo. Monseñor Antonio Riberi, Nuncio de Su Santidad en España, así como con la del Excmo. Sr. Obispo de la Diócesis.

En la Parroquia de San Mateo el Sr. Nuncio ofició solemne Misa de Pontifical y predicó la homilía, en la que en sentidas palabras hizo un bello resumen de la historia y la actualidad de la devoción aracelitana.

Terminada la Misa de Pontifical, el Sr. Nuncio, el Sr. Obispo, Monseñor Calaboneri, prelado doméstico, y las autoridades se trasladaron al Santuario de Araceli, donde se descubrió una lápida conmemorativa de la visita del Nuncio a Lucena y al Santuario.

Año Jubilar Aracelitano 2012-2013
Decretos del Año Jubilar Aracelitano

TRADUCCIÓN

Prot. N. 989/11/I

SANTÍSIMO PADRE,

Demetrio Fernández González, Obispo de Córdoba, haciendo suyas gustosamente las peticiones de la Archicofradía de María Santísima de Araceli, en Lucena, situada en los límites de su Diócesis, humildemente expone que en el año 2012 se celebrará el cuatrocientos cincuenta aniversario de la llegada desde Roma de Nuestra Señora de Araceli, Patrona de Lucena.

Para la celebración del feliz acontecimiento, se tendrán particulares funciones sagradas y varias iniciativas religiosas, desde el día 21 de Abril de 2012 hasta el día 2 de Junio de 2013, de las que cabe esperar que se incremente la Fe, Esperanza y Caridad hacia Dios y hacia el prójimo, mostrándolo con su comportamiento, sobre todo en la convivencia familiar y en la realización de obras de misericordia en bien de todos aquellos que necesitan ayuda fraterna.

Para que efectivamente los que veneran a la Madre de Dios consigan abundantemente los objetivos proyectados y a la vez confirmen la comunión jerárquica con Vuestra Santidad y su propio Obispo, el solicitante humildemente pide la concesión de las Indulgencias. Y Dios…, etc.

El día 27 de febrero de 2012

La PENITENCIARÍA APOSTÓLICA, por mandato del Sumo Pontífice, concede gustosamente Indulgencia plenaria a los fieles cristianos verdaderamente arrepentidos, siempre que se cumplan debidamente las condiciones acostumbradas (Confesión sacramental, Comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice). Podrán también aplicarla en sufragio por las almas de los fieles que se encuentran en el Purgatorio, si visitan el Santuario de Nuestra Señora de Araceli como peregrinos y, ante la sagrada imagen de la Patrona Celeste expuesta solemnemente a la pública veneración, participan devotamente en los ritos jubilares, o, al menos, durante un tiempo razonable permanecen haciendo oraciones o meditaciones piadosas, concluyendo con la Oración Dominical, el Símbolo de la Fe e invocaciones a la Santísima Virgen María.

Los ancianos, enfermos y todos los que por causa grave no pueden salir de su casa podrán igualmente obtener la Indulgencia Plenaria, debidamente arrepentidos de cualquier pecado y con la intención de cumplir en cuanto sea posible las tres condiciones habituales, si se unen espiritualmente a las celebraciones jubilares o peregrinaciones, ofreciendo a Dios misericordioso por María sus súplicas y dolores o las dificultades de su propia vida.

Así pues, para que el celo pastoral haga más fácil conseguir el perdón divino a través de las llaves de la Iglesia, esta Penitenciaria pide encarecidamente que sacerdotes debidamente facultados para escuchar confesiones, se ofrezcan generosamente para la celebración del Sacramento de la Penitencia y para administrar con frecuencia la Santísima Comunión a los enfermos.

La presente concesión es valedera durante todo el Año Mariano. Si no obsta nada en contra.

Por mandato de Su Eminencia

 † JUAN FRANCISCO GIROTTI, O.F.M. CONV.

Regente

 Juan María Gervai

Asistente

TRADUCCIÓN

Prot. N. 990/11/I 

 DECRETO

 

La PENITENCIARÍA APOSTÓLICA, en virtud de las facultades conferidas a ella de modo especialísimo por el Santísimo Padre y Señor Nuestro en Cristo, por la Divina Providencia el Papa Benedicto XVI, benignamente concede al Excelentísimo y Reverendísimo Padre D. Demetrio Fernández González, Obispo de Córdoba, que, con ocasión del Jubileo de Nuestra Señora de Araceli, en el día que se elija más conveniente para los fieles, después de la celebración del divino Sacrificio, a todos los fieles presentes que, con el propósito firme de apartarse del afecto a los pecados participen en las celebraciones sagradas, imparta la Bendición papal con Indulgencia plenaria adjunta que podrán lucrar cumpliendo las condiciones acostumbradas (Confesión sacramental, Comunión eucarística y Oración por las intenciones del Sumo Pontífice).

Los fieles que reciban devotamente la Bendición papal, aunque no pudieran estar presentes físicamente en los ritos sagrados por una circunstancia razonable, podrán recibir la Indulgencia plenaria, según la norma del derecho, si estos ritos son seguidos con intención piadosa a través de la retransmisión directa a través de medios televisivos o radiofónicos.

Si no obsta nada en contra.

Dado en Roma, en la Sede de la Penitenciaria Apostólica, el día 27 del mes de Febrero, del año del Señor 2012.

Por mandato de Su Eminencia

 † Juan Francisco Girotti, O.F.M. Conv.

Obispo Titular de Metz, Regente

 

                                                                               Juan María Gervais

                                                                                       Asistente

Oración del Año Jubilar Aracelitano

Santísima Virgen de Araceli, Madre de Dios y Madre nuestra, a tus plantas acudimos para darte gracias y glorificar a Dios en este Año Jubilar Aracelitano, año de la fe.

Madre Dulce y Buena, tú que eres el honor de nuestro pueblo, Hija elegida del Padre y Bendita entre todas las mujeres; tú, Madre Bienaventurada porque el Poderoso ha hecho maravillas en ti, enséñanos a vivir con humildad profunda y pureza de corazón. Tú que acogiste el anuncio del Ángel, ayúdanos para que también abramos las puertas de nuestra vida a Dios con verdadera actitud creyente.

Celebramos este año de gracia, peregrinando hasta tu realeza virginal, y  venimos  a  suplicarte  que  intercedas  por nosotros  ante  tu  Hijo,

 Jesús, aquí en este Ara del Cielo que es tu Santuario, donde te veneramos ¡oh Madre Santísima!, y donde nos unimos en oración a toda la Santa Iglesia de Dios en esta diócesis de Córdoba, suplicándote que podamos recorrer el camino de la vida con fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta.

Ayúdanos, Madre, a ser fieles discípulos de tu Hijo, que nos ofreces en tus brazos, y testigos del Evangelio en esta hora de la Nueva Evangelización. Protege a los más desfavorecidos, a los niños y ancianos, a todas las familias cristianas y a las buenas gentes del campo andaluz.

Santa María de Araceli, Virgen y Madre, ruega por nosotros. Amen.

 

(Con licencia eclesiástica)

Proyecto social del Año Jubilar Aracelitano

En la tradición católica, el jubileo es un gran acontecimiento religioso.

– El año de la remisión de los pecados y de sus penas.

– El año de la reconciliación, de la conversión y de la penitencia sacramental.

– El año de la solidaridad, de la esperanza, de la justicia, del empeño por servir a Dios en el gozo y la paz con los hermanos.

– El año de Cristo, portador de la vida y de la gracia a la humanidad.

– Una invitación abierta a todos los cristianos y también a los que se encuentran distantes en la fe y desean volver de nuevo a la vida cristiana.

Se habla de “ganar el jubileo”. Pero en realidad se trata de celebrar, más que de ganar. Celebrar que deseamos ser mejores, que vamos a poner medios, siendo menos egoístas y más generosos, que vamos a restaurar la tierra, la sociedad, nuestras relaciones y personas, de modo que vamos a hacer un mundo mejor.

En la Carta Encíclica “Redemptoris Missio” se que afirma que “todos los laicos son misioneros en virtud del bautismo”, que “todos somos responsables de la misión de la Iglesia”; pero, naturalmente, no todos estamos llamados a “ir más allá de nuestras fronteras a anunciar a Jesucristo”. Entonces ¿cómo cumplir con esta responsabilidad que a todos nos toca en relación a la misión? Existen varias maneras en las que todos los cristianos podemos participar activamente de la misión: mediante la cooperación material, espiritual o mediante la animación.

En tierras peruanas, donde ejerce su apostolado de misión la diócesis de Córdoba, se encuentran dos sacerdotes diocesanos, don Leopoldo Rivero y don Juan Ropero que tienen confiada la parroquia del Perpetuo Socorro, de una extensión enorme con núcleos de población diseminados. 

conseguir el alimento diario; y si son mujeres con 14, 15  o 16 años quedan embarazadas viéndose obligadas a llevar desde esta temprana edad el peso de un hogar que normalmente acaba roto y desecho.

Muchas veces algunos jóvenes viven en situación de abandono, otros sufren desde la infancia malos tratos, abusos y todo tipo de vejaciones, debido a que no existe una estructura familiar sólida. La mayoría son criados por sus padrastros o familiares. Crecen llevando desde pequeños una vida muy sufrida e injusta.

Tras varias propuestas, con el consentimiento del señor Obispo de Córdoba, la Archicofradía se va a responsabilizar de la construcción de un hogar de acogida para jóvenes necesitados de la calle en dicha localidad, al que se le pondría el nombre de Nuestra Señora de Araceli. Para tal empresa se van a destinar los donativos que los peregrinos depositen al llegar al Real Santuario para ganar el jubileo, las colectas de las celebraciones importantes de las Fiestas Aracelitanas y otras actividades que se celebren con motivo de este 450 Aniversario. 

El hogar de jóvenes necesitados Virgen de Araceli debe ser una casa de acogida para la promoción y  desarrollo  de jóvenes necesitados. En ella deben encontrar el hogar y la familia que nunca tuvieron, un hogar donde descubran el inmenso Amor de Dios manifestado al mundo a través de Jesucristo y de María Santísima.

Don Francisco Granados nos enviaba entonces este comentario desde Picota: “La semana pasada estuve en Nuevo Chanchamayo celebrando varios bautizos y bodas. Para llegar allí necesité once horas a través de la selva (un tramo se pudo hacer  en todoterreno, otro andando y el final en mula)”. Pongamos, con nuestros donativos, el mismo esfuerzo que estos jóvenes sacerdotes en ser portadores de Cristo.

Encuentro Diocesano de Jóvenes ante María Santísima de Araceli.

En la tradición católica, el jubileo es un gran acontecimiento religioso.

  • El año de la remisión de los pecados y de sus penas.
  • El año de la reconciliación, de la conversión y de la penitencia sacramental.
  • El año de la solidaridad, de la esperanza, de la justicia, del empeño por servir a Dios en el gozo y la paz con los hermanos.
  • El año de Cristo, portador de la vida y de la gracia a la humanidad.
  • Una invitación abierta a todos los cristianos y también a los que se encuentran distantes en la fe y desean volver de nuevo a la vida cristiana.

Se habla de “ganar el jubileo”. Pero en realidad se trata de celebrar, más que de ganar. Celebrar que deseamos ser mejores, que vamos a poner medios, siendo menos egoístas y más generosos, que vamos a restaurar la tierra, la sociedad, nuestras relaciones y personas, de modo que vamos a hacer un mundo mejor.

En la Carta Encíclica “Redemptoris Missio” se que afirma que “todos los laicos son misioneros en virtud del bautismo”, que “todos somos responsables de la misión de la Iglesia”; pero, naturalmente, no todos estamos llamados a “ir más allá de nuestras fronteras a anunciar a Jesucristo”. Entonces ¿cómo cumplir con esta responsabilidad que a todos nos toca en relación a la misión? Existen varias maneras en las que todos los cristianos podemos participar activamente de la misión: mediante la cooperación material, espiritual o mediante la animación.

En tierras peruanas, donde ejerce su apostolado de misión la diócesis de Córdoba, se encuentran dos sacerdotes diocesanos, don Leopoldo Rivero y don Juan Ropero que tienen confiada la parroquia del Perpetuo Socorro, de una extensión enorme con núcleos de población diseminados. 

La población de la provincia con sus más de 90 poblados, es de condición muy humilde en general y no se pueden permitir una mínima asistencia educacional. Los jóvenes cuando acaban primaria o secundaria, en el caso de que su poblado cuente con ella, se ven obligados a trabajar en el campo para conseguir el alimento diario; y si son mujeres con 14, 15  o 16 años quedan embarazadas viéndose 

obligadas a llevar desde esta temprana edad el peso de un hogar que normalmente acaba roto y desecho.

Muchas veces algunos jóvenes viven en situación de abandono, otros sufren desde la infancia malos tratos, abusos y todo tipo de vejaciones, debido a que no existe una estructura familiar sólida. La mayoría son criados por sus padrastros o familiares. Crecen llevando desde pequeños una vida muy sufrida e injusta.

Al objeto de suscribir un proyecto social para la celebración del Año Jubilar Aracelitano, antes de su inicio, una comisión de la Junta de Gobierno de nuestra Archicofradía se reunía con el sacerdote don Juan Ropero asumiendo el proyecto social de la construcción de una casa hogar con motivo del Año Jubilar, proyecto que posiblemente se hubiese cubierto en condiciones económicas normales con la aportación de devotos, fieles y hermanos. Cuando este libro vea la luz ya se ha adquirido un terreno para edificar dicha casa, pero ahora hay que levantarla.

Por esta causa, celebrando la vuelta de don Leopoldo Rivero, después de un año, el domingo 10 de noviembre de 2013 la eucaristía dominical del Real Santuario fue presidida por este misionero tan querido en Lucena, donde estuvo destinado tanto en la parroquia de San Mateo como regentando, justo antes de partir para Picota, la de Santo Domingo. Posteriormente, a mediodía, tuvo lugar un almuerzo solidario para colaborar con la construcción de la casa gracias a la colaboración y cesión desinteresada de la caseta de la hermandad del Rocío de Lucena, en el recito ferial.

Además de sorteos y colectas especiales con fines recaudatorios para esta causa, a principios de diciembre de 2012 la Archicofradía organizaba también una obra de teatro a beneficio de este proyecto social gracias a la colaboración del Club de Leones de Antequera, quienes, en el Palacio Erisana de Lucena, representaban la simpática obra “Yo no quiero líos” de Antonio y Enrique Paso, que resultó un enorme éxito tanto a nivel teatral como de asistencia de público. 

La Archicofradía espera poder iniciar en breve la edificación de esta casa que llevará el nombre de Nuestra Señora de Araceli, difundiendo así la advocación de nuestra bendita Patrona como un elemento de esperanza en la selva peruana.

Fotos de Luis Burgos Morillo

Fotos de Joaquín Ferrer López de Ahumada

Imágenes del Año Jubilar Aracelitano de 2012

Carteles, pancartas y logos del Año Jubilar

Romería de Subida. 03-06-2012

Fotografías de Joaquín Ferrer López de Ahumada y Jesús Ruiz Jiménez “Gitanito”.

Traslado de la Sagrada Familia a San Mateo con Jesús Nazareno. 29-05-2012

Fotografías de Joaquín Ferrer López de Ahumada y Jesús Ruiz Jiménez “Gitanito”.

Traslado de San Mateo a la Sagrada Familia 23-05-2012

Fotografías de Joaquín Ferrer López de Ahumada y Jesús Ruiz Jiménez “Gitanito”.

Procesión de Acción de Gracias 450 aniversario. 20-05-2012

Fotografías de Joaquín Ferrer López de Ahumada y Jesús Ruiz Jiménez “Gitanito”.

Procesión del Día de la Virgen. Primer domingo de mayo. 06-05-2012

Fotografías de Joaquín Ferrer López de Ahumada y Jesús Ruiz Jiménez “Gitanito”.

Traslado de las Carmelitas a San Mateo. 27-04-2012

Fotografías de Joaquín Ferrer López de Ahumada y Jesús Ruiz Jiménez “Gitanito”.

Traslado de Santiago a las Carmelitas. 25-04-2012

Fotografías de Joaquín Ferrer López de Ahumada y Jesús Ruiz Jiménez “Gitanito”.

Romería de Bajada y Santiago. 22-04-2012

Fotografías de Joaquín Ferrer López de Ahumada, Jesús Ruiz Jiménez “Gitanito” y Luis Burgos Morillo

IMAGEN REGISTRADA. © Queda prohibida la reproducción total o parcial de estas imágenes sin la expresa autorización de la Real Archicofradía de María Santísima de Araceli.

La Casa de la Virgen

La Casa de la Virgen, propiedad de la Fundación Obra Pía de María Santísima de Araceli, es la sede social de la Real Archicofradía y el lugar donde se exponen los enseres de la Virgen; además de celebrarse en ella asambleas y otros actos de formación.
En el año 1750 se adquirió una casa que estaba en venta en la calle del Maquedano, de esta ciudad, para que sirviera de vivienda y hospedaje al capellán y los hermanos sirvientes del Santuario, que pedían limosna para el culto de la Soberana Imagen. En 1803, con la compra de una cochera, la casa se amplió y se le realizaron unos arreglos en 1808, de los que aún quedan la portada y las puertas de encina de la entrada.
En la Casa se guardaban los enseres con que contaba la Cofradía y la Obra Pía para el exorno del altar de la Virgen en san Mateo; disponía para este menester, de una habitación con mobiliario propio, donde se encontraba un mueble archivo de 1765 a aún sigue conservándose.
Además del uso de almacén de víveres, también sirvió la casa de hospicio en la ciudad al capellán y hermanos sirvientes, conocidos como “hermanacos”, hasta bien entrado el siglo XX, cuando la imagen de la patrona permanecía en Lucena para recibir cultos o por diversas causas. Pero la Casa de la Virgen también sirvió para que los vecinos de los muchos cortijos que entonces existían en nuestros tuvieran un lugar donde alojarse en sus visitas a Lucena o para que las mujeres de los cortijos en avanzado estado de embarazo esperasen el momento de dar a luz cerca de los servicios médicos existentes en la ciudad.
Estos servicios dejaron de prestarse en el transcurso del siglo XX debido a la gran despoblación de los campos, lo que ocasionó un paulatino deterioro del edificio hasta quedar prácticamente en estado ruinoso en los ochenta.
En 1987 siendo capellán de la Obra Pía de María Santísima de Araceli don Félix Vázquez López y hermano mayor de la Real Archicofradía don Francisco López Salamanca, se derribó la construcción existente con el fin de levantar una nueva Casa y sede social. El proyecto fue realizado por el arquitecto lucentino don Manuel Roldan del Valle, a quien por la antigua estructura del edificio, y la carencia de materiales de calidad, le resultó imposible conservar otra cosa que la portada de piedra blanca, aunque sí se mantuvo la tipología de las casas lucentinas.
El 5 de junio de 1990, el obispo de la diócesis, don José Antonio Infantes Florido bendecía la nueva Casa comenzando entonces la ingente tarea de catalogar y recopilar enseres y documentos, tanto los propios de la Archicofradía como los muchos que fueron reunidos allí procedentes de donaciones particulares La Casa de la Virgen tiene tres plantas, que se ordenan en torno a un patio central porticado de columnas, cubierto por una montera de vidrio y hierro. En la planta baja se sitúa el salón de actos, dotado con cien butacas, de cuyas paredes cuelgan expuestos los mantos que la Virgen luce en su procesión del primer domingo de mayo. En otro gran salón se exponen los tronos de Nuestra Señora: el del pri¬mer domingo de mayo y el de romerías. En otra sala se muestra el dosel en que fue convertido el trono neogótico construido en 1986; aumentado en 2002 con otras piezas del mismo estilo. Y junto a esta se dispone de sala de asambleas para la Junta de Gobierno, donde se sitúan las insignias principales de la Real Archicofradía.
En la primera planta hay dos salas, la primera con un interesante repertorio de vestidos de la Vir¬gen de Araceli y del Niño, así como otros complementos litúrgicos, candelabros y ánforas. Se exponen también los techos de palio y otras curiosidades, entre las que destacan más de veinte palias bordadas o pintadas, con motivos pasionistas o eucarísticos.
En la segunda sala de esta planta, más reducida, se muestran vasos sagrados, sacras, atriles, candelabros y otros elementos del servicio de altar del Santuario. Es el lugar para recoger antiguos elementos con que los hermanos de la Virgen postulaban por los campos. Existe aquí una selección de vestiduras litúrgicas desde el siglo XVII, encajes antiquísimos, rostrillos de la Virgen y el primer estandarte, sobre seda verde, que tuvo la cofradía a mitad del siglo XVIII. En el centro de la sala, la pieza principal es el original templete de plata así como una excelente colección de piezas de orfebrería, elaboradas en los mejores talleres plateros cordobeses, entre el siglo XVII y la actualidad.
La segunda planta, prácticamente despejada, contiene mesas expositoras y un conjunto de paneles vitrina donde se exponen secciones dedicadas a Coronación Canónica de Nuestra Señora de Araceli, la historia de la Archicofradía, la carta que dirigió al pueblo aracelitano su santidad Juan XXIII con motivo del año Jubilar y otros documentos de interés.
Una completa colección de grabados y litografías, junto a planchas originales quedan expuestas también en esta planta. Así como cuadros y antiguas fotografías de Nuestra Señora, los techos de palio blanco y bambalinas blanco y rosa, una colección de vestidos de Pastora de la Virgen, otra con vestiduras para la Virgen de la Urna de la Demanda Rica o muestras de flora, rocas y fósiles encontrados en el entorno de la Sierra de Aras.

Foto: Luis Burgos
Foto: Luis Burgos
Foto: Luis Burgos
Foto: Luis Burgos

Próximos actos

Real santuario de María Santísima de Araceli

Cada Domingo o festivo

A las 11:30 h.

Santa Misa.

Previamente se realizará el

Santo Rosario.

Y a su término se podrá visitar el

Camarín de la Santísima Virgen.

Horario de apertura del Real Santuario

Invierno (del 10 de septiembre al 25 de abril)

Mañanas: 08:30 -14:00 h.

Tardes: 17:00 -21:00 h.

Durante la estancia de la Virgen en Lucena

Sólo mañanas de 10:00 a 13:00 h.

Verano (del 1 de junio al 10 de septiembre)

Mañanas: 08:30-14:00 h.

Tardes: 18:00-22:00 h.

Horarios especiales de apertura del Real Santuario

Nochebuena y Nochevieja

08:30 -14:00 / 17:00 – 19:00 h.

Día de Navidad y Año Nuevo

10:00 – 14:00 / 17:00 -21:00 h.

Cabalgata

08:30 – 14:00 / 17:00 – 19:00 h.

Semana Santa

Domingo de Ramos: 08:30 – 15:00 h.

de Lunes a Jueves Santo: 09:00 – 14. 00 h.

Viernes Santo: 11:00 – 14:00 h.

Sábado Santo: 09:00 – 15:00 h.

Feria del Valle

09:00 -14:00 /18:00-21:00 h.

Real Archicofradía de

María Santísima de Araceli 

C/ Maquedano, 18

14900 Lucena (Córdoba)

virgenaraceli@gmail.com

www.virgendearaceli.com

Teléfono Casa de la Virgen de Araceli: 957516165

Teléfono Real Santuario Virgen de Araceli: 957334837

 Fotografías de la portada:

Luis Burgos, Joaquín Ferrer, Jesús Ruiz “Gitanito” y Pedro del Espino

Coordinación y mantenimiento

Delegación de Difusión y Propaganda de la Real Archicofradía de María Stma. de Araceli

Última actualización 06/02/2017